Pasaron unos días, y llego desgraciadamente el día de volver a clase. De nuevo el maldito despertador sonó a las siete y media de la mañana, me levante y fui hacia el cuarto de baño, me lave mi cara, me seque con la toalla y me mire al espejo, y vi mi rostro con mis ojos azules, mi pelo negro brillante y largo, mis dos piercing, uno en la nariz y otro en el labio, también tenía un pendiente en mi oreja izquierda. No es por ser narcisista ni nada parecido, pero soy guapo. Y me fui a mi cuarto a pensar en que ponerme hoy, me quede en frente de mi armario mirando mi ropa, al final me decidí en unos pantalones color granate con una camiseta de manga corta blanca con una cruz negra en el medio. Me fui a peinar cuando mi padre toco en la puerta diciéndome que me diera prisa, que íbamos a llegar tarde. Salí del cuarto de baño, cogí la mochila y nos fuimos al instituto. Íbamos en el coche en un completo silencio, solo se escuchaba la música de la radio de fondo. Al fin llegamos al instituto, todo el mundo me miraba con curiosidad, con risitas a mis espaldas, y cuchicheos, algunas chicas me miraban con una sonrisa y me saludaban, por desgracia no tenia tiempo de hablar con ellas, estaba en busca del director perdido. Fui hacia el despacho del director cuando me tropecé con un imbécil despistado, que tenía el pelo rojo, con una cazadora de cuero con una camisa roja debajo, con unas pintas de rebelde.
-¡Ten cuidado imbécil! – me respondió de mala manera
- ¡Has sido tú el que vino a empujarme! Deberías pedirme disculpas, idiota.
-¿Quién te crees que eres para insultarme, niñato?.
- El mismo que te romperá la cara como sigas faltándome el respeto.
-Jaja, ¿tu romperme la cara? El que te romperá la cara seré yo, nadie se atreve a meterse conmigo.
-Pues yo seré el primero en hacerlo – dije con una sonrisa malvada
-Jaja me caes bien chico, tienes un par de huevos no como los demás. ¿Eres nuevo, verdad?
-Si – le respondí fríamente, me sorprendió ese cambio tan repentino-
-Seremos buenos amigos tu y yo – me dijo dándome unas palmadas en la espalda- ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Angelo.
- Yo soy Drake, nos llevaremos muy bien Angelo, ya nos veremos por ahí.
Se fue y me dirigí al despacho del director, estaban a punto de comenzar las clases y ya llegaba tarde, espero que no me caiga una buena.
Entre al despacho, y ahí se encontraba el director, sentado mirando unos archivos. Toque en la puerta para que me escuchara y alzo la mirada hacia mí:
- ¡Hola! Tú debes ser Angelo, el chico nuevo, ¿verdad?
- Sí, soy yo
- ¡Bienvenido al instituto Cervantes!
- Muchísimas gracias, señor…
- Señor Smith. Este es tu horario y tus aulas, ¡espero que no te pierdas! Aquí tienes un mapa del instituto por si acaso…- mire el mapa de arriba a abajo y era enorme..Dios mío, ¡Lo que tendría que correr aquí!-
- Gracias señor Smith
- Si tienes algún problema, no dude en avisarme. Adiós y que tenga un buen día.
- Claro señor. Muchísimas gracias, ¡Adiós!
Tras comprobar el horario vi que tenía matemáticas en el aula 15, dios, esa aula estaba en el cuarto piso, ¡que fastidio!, tener que subir escaleras desde el principio…
Al fin llegue al aula, ya habían empezado la clase, ¡el primer día y ya llego tarde! Toque a la puerta y pregunte si podía pasar a lo que el profesor me respondió que pasara y me sentara en alguna mesa libre. Mientras miraba donde sentarme, vi a Drake pasando de todo, por lo menos ya conocía a alguien, aunque fuera un idiota…
Después de la clase de matemáticas, me tocaba Química en el laboratorio de química en la segunda planta, ¡otra vez bajar!, podría haber un ascensor para los alumnos por lo menos…
Llegue al laboratorio a tiempo, me senté en una mesa de la segunda fila, y esperé a que llegara el profesor. Al cabo de unos minutos, llego una mujer, la cual debería ser la profesora, alta, rubia y bien formada, con una carpeta llena de papeles, estaban desorganizados, parecía algo desordenada. Al empezar la clase, se presentó y comentó que íbamos a hacer este curso. Se llamaba Miriam. Y después de la presentación y de comentar que íbamos a hacer este curso, en el resto de la hora que quedaba, se puso a empezar a explicar el tema.
Después de química, me tocaba Biología, en la primera planta, ¡a bajar más! Entre al aula, y me senté en una de las mesas libres en la tercera fila, no había todavía muchas personas y el aula era bastante grande, esta vez el profesor tardo menos en venir. Era un hombre mayor, con el pelo blanco, bajito y con gafas, se llamaba Santiago. A mi lado se sentó una chica morena, delgada, con piel blanca y ojos color café, no dejaba de mirarme, como el profesor no estaba muy atento pudimos cuchichear de algunas tonterías, la chica era muy superficial, solo me hablaba de ropa, de pelo, y a mí las chicas tan así no me van. Entonces sonó el timbre y por fin pudimos salir al recreo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario